SUICIDIO: PREVENCION Y CONSUELO

La salud mental ha irrumpido en la agenda política

· El 024 es un teléfono único para atender personas con ideación suicida.

· El consuelo a la familia implica acompañamiento y conversación.

El suicidio es la décima causa de muerte para todas las edades y la segunda entre los jóvenes. Esta realidad ha puesto en alerta a las instituciones y a la sociedad. Hasta que la neurociencia y la genética desentrañen el misterio de la biología del suicidio, el esfuerzo debe centrarse en su prevención, con políticas orientadas a la identificación precoz de síntomas y conductas de riesgo, a la mejora de entornos sociales, familiares y grupales y a la regulación del contenido de redes sociales. No obstante, el gran objetivo es mejorar la salud mental de la ciudadanía, un reto monumental que requiere intervenciones de índole política, económica y social. Es un desafío mundial. En Euskadi se coordinan Educación y Salud para que un joven con ideación suicida detectada en el colegio sea atendido por un equipo de salud mental en menos de 72 horas. EHU- UPV incluye un curso específico en su cartera. Las Asociaciones realizan una encomiable labor formativa, además de una imprescindible presión reivindicativa. Se puede actuar sobre algunos factores de riesgo y desencadenantes, aunque no siempre estén presentes. Destacan el bajo nivel educativo, abuso infantil, violencia de género, adicciones, soledad, inmigración, psicopatología familiar y patología crónica o discapacidad. Las redes sociales actúan como catalizadores del acoso escolar y del suicidio juvenil. Su papel comparador, aislador y excluyente es capaz de destruir la psicología de adolescentes con un cerebro vulnerable, con el lóbulo frontal en fase de maduración y con las emociones en efervescencia hormonal. Además, las redes sociales banalizan la salud mental, el sufrimiento y el suicidio. Por último, el individualismo gana terreno al colectivismo. Solo nos importa lo nuestro y apelamos a la comunidad cuando la necesitamos. Sin embargo, el suicidio precisa de políticas colectivas y públicas.

 

Unos ejemplos. El suicidio crece entre los médicos estadounidenses por lo que se ha puesto en marcha un protocolo para detectar ansiedad y depresión en médicos mayores de 55 años que finalmente se extenderá a toda la ciudadanía. Hungría y Dinamarca han reducido a la mitad la tasa de suicidios aumentando la ratio de personal sociosanitario que atiende a personas con ideación suicida. La Rioja ha lanzado un plan de salud mental ambicioso, pasando de 7 a 18 psicólogos y psiquiatras por 100.000 habitantes. El riesgo de cometer suicidio de alguien que se autolesiona se multiplica por 20 a lo largo del siguiente año. Se validan prometedores cuestionarios predictores del riesgo, como el elaborado en Oxford sobre una muestra de más de 50.000 casos. Por fortuna, las nuevas tecnologías basadas en inteligencia artificial también pueden ser aliadas. Se ha habilitado el 024, un teléfono único para estas situaciones. No obstante, el éxito final de cualquier medida depende de que haya suficiente personal con formación específica que escuche y dedique tiempo a quien sufre.

 

Los medios de comunicación juegan un papel importante. Durante años, fue un tema tabú por el posible efecto llamada. Hoy está claro que es mejor darle visibilidad. Conviene no airear la causa, el procedimiento ni el lugar porque esa información no aporta nada, alimenta el morbo y alienta la imitación. Ya nadie duda de que es positivo hablar del suicidio y, sobre todo, lo agradecen las familias. Porque ¿qué pasa con los que se quedan? ¿Cómo se puede paliar el dolor de los allegados a una persona que se ha quitado la vida?

La palabra mágica es consolar que significa aliviar juntos. El libro “En busca de consuelo” de M Ignatieff analiza el modo en que encontraron consuelo personajes históricos tras vivir experiencias duras. La clave es la necesidad de esperanza, de futuro, huyendo de la resignación, la culpabilización o la búsqueda de explicación. Quien está en esta situación agradece que no se le rehuya, sino que se le hable porque, en palabras de Agustín Erkizia, cofundador de Biziraun, “el silencio te mata dos veces”. A menos que sea el silencio activo y cálido de alguien que te acompaña.