¡SEÑORAS Y SEÑORES!: ALCMEON DE CROTONA.

Descubrió que la vida mental reside en el cerebro.

· Aristóteles se aferró a su idea equivocada de que el corazón era la sede de las emociones.

· Un experimento público de Galeno demostró el error de Aristóteles.

El médico Alcmeón de Crotona vivió en el siglo V ac, el siglo de Pericles. Entendía la salud como un delicado equilibrio entre sensaciones opuestas (frío/calor, dulce/amargo, blanco/negro, grande/pequeño) en el organismo. Fue el primero en fijar la sede de las sensaciones, el pensamiento y la conducta en el cerebro tras observaciones clínicas y experimentos con animales (la disección de cadáveres humanos era tabú). Comprobó que los órganos de los sentidos están unidos al cerebro a través de vías de comunicación, hoy identificadas con los nervios. Su descubrimiento implicaba que toda enfermedad mental dependía de una alteración cerebral. Los sabios mesopotámicos y los médicos egipcios realizaron trepanaciones, pero desdeñaron la relevancia del encéfalo. La enseñanza de Alcmeón se transmitió a su coetáneo Hipócrates y su escuela. Hipócrates es considerado el «padre de la medicina». Dos sentencias resumen su conocimiento neurológico. La primera es que “Los hombres tendrían que saber que del cerebro y solo del cerebro surgen nuestros placeres y alegrías, nuestras risas y nuestras bromas, así como nuestras penas y dolores, nuestra tristeza y nuestras lágrimas”. La segunda “neuroperla” está en su tratado “Sobre las heridas en la cabeza” donde afirma que una lesión en un lado del cerebro genera problemas en el lado opuesto del cuerpo.

Aristóteles vino al mundo cien años después. Tal vez por ignorar los descubrimientos del de Crotona o tal vez por el hecho de que la vida termina cuando el corazón deja de latir, Aristóteles defendió con ahínco la teoría de que el corazón albergaba los procesos mentales. Al fin y al cabo, el corazón es un órgano cálido y palpitante mientras que el cerebro es frío e insensible, hasta el punto de ser considerado el refrigerador del organismo. El cardiocentrismo aristotélico movió al cerebro de su verdadera posición. ¡Hasta el más sabio echa un borrón! Nadie pudo, quiso o supo cuestionar su autoridad y muchos filósofos y científicos posteriores defendieron el cardiocentrismo con argumentos poco convincentes. Uno de ellos aseguraba que el corazón es la fuente de la voz que, a su vez, es controlada por el pensamiento. Tuvieron que pasar cinco siglos hasta que Galeno, el médico de los gladiadores, realizó una demostración que devolvió al cerebro su lugar de privilegio. De un modo teatral, Galeno seccionó el nervio laríngeo recurrente a un cerdo en una plaza pública abarrotada de curiosos que dieron fe que el animal dejó de chillar al revolcarse por el suelo. El nervio tiene su origen en el cerebro y, por lo tanto, si el corazón fuera crítico en la voz y expresión del pensamiento, su sección no debería silenciar al cerdo. Y el puerco calló, certificando así que el habla y el pensamiento son controlados por el cerebro. Quizás fue la primera prueba experimental de que el cerebro controla el comportamiento. Las reticencias perduraron hasta el siglo XVII, pero la evidencia científica terminó imponiéndose. El error es un acicate para el progreso.

¿Quiere esto decir que el corazón no tiene nada que ver con los pensamientos, emociones y sentimientos? No, ni mucho menos. De hecho, el cerebro gobierna la

función del organismo procesando la información que recibe de todos los órganos y actuando en base a esta. Por ejemplo, cuando sentimos miedo y huimos de una amenaza, la descarga de adrenalina y cortisol que induce taquicardia ocurre antes de que echemos a correr despavoridos. También las lágrimas preceden al sentimiento de tristeza. En cambio, otras reacciones son más lentas, filtradas por la cognición y la razón. Además, el cerebro tiene su propia vida. Así crea la mente y encierra los mayores misterios que sustentan la esencia humana, como la conciencia. Algún científico considera la revelación de Alcmeón como una revolución comparable a las de Copérnico y Darwin que desplazaron a la tierra y a Dios del centro de todo. Tienen razón. Alcmeón fue el principio y su idea sigue transformando la percepción que la humanidad tiene de su lugar en la naturaleza. Larga vida al rey.