PERSONALIDAD: INQUIETUDES E INTERROGANTES

La búsqueda de marcadores cerebrales y genéticos de la personalidad está condenada al fracaso.

· El temperamento se modula con el paso de los años.

· Los test de personalidad no sirven más que para divertimento.

Se han descrito tipos de personalidad basados en una serie de rasgos como extroversión, escrupulosidad, neuroticismo, amabilidad y apertura mental. Su valor es discutible, pero parece incuestionable que su base biológica está en el cerebro. La frenología y la antropometría catalogaron la personalidad según el tamaño y la forma del cráneo, con sus protuberancias y oquedades. Su base científica era inexistente y pronto se desecharon, no sin causar daños en forma de diagnósticos infundados y justificaciones del racismo. En los últimos años se ha tratado de encontrar marcadores cerebrales del temperamento con estudios de activación neuronal. Se ha hallado una asociación entre la hiperactividad de la amígdala y el neuroticismo, de la corteza cingulada y la apertura mental, del circuito de la recompensa y la extroversión, del córtex orbitofrontal y la estabilidad emocional y de la corteza prefrontal dorsolateral y la responsabilidad y la toma de decisiones razonadas. Es cierto que la amígdala es un núcleo implicado en la regulación emocional y la ansiedad, que la corteza cingulada contiene redes implicadas en el manejo de la incertidumbre, que el circuito de la recompensa se activa en situaciones agradables, que la corteza orbitofrontal es el cruce de caminos donde confluyen emociones y razón y que la corteza prefrontal dorsolateral participa en la toma de decisiones racionales. No obstante, se trata de meras asociaciones de significado incierto. Por ejemplo, los cambios detectados podrían ser la consecuencia más que la causa de un patrón de personalidad concreto. Si las huellas dactilares son únicas y dependen de unos miles de pliegues de la piel, imaginen las diferencias que pueden surgir entre los trillones de conexiones neuronales distintivas de cada ser humano.

Hay otras cuestiones no resueltas. Si el cerebro está en cambio continuo en función de las circunstancias vividas con el paso del tiempo, ¿por qué la personalidad permanece inmutable? ¿O sí cambia y la forma de envejecer es su manifestación más patente? El temperamento se modula con los años, a veces con un gran esfuerzo cognitivo porque la cabra tira al monte. Los estudios en gemelos indican una heredabilidad entre un 40 y 60%, propia de un rasgo estable a lo largo del tiempo. Así, los gemelos univitelinos (con idéntico genoma) comparten más rasgos que mellizos o hermanos. Un metaanálisis de estudios del genoma completo de miles de personas encontró asociaciones entre seis genes, rasgos de la personalidad (extroversión, apertura mental o neuroticismo) y enfermedades psiquiátricas. Otra investigación identificó 700 genes relacionados con el temperamento, algunos implicados en la concentración cerebral de serotonina y dopamina y otros en la función de la sinapsis o la memoria. También se ha visto una transmisión intergeneracional de patrones de activación neuronal ante estímulos de contenido emocional y representativos de valores: Hijos y padres activan las mismas regiones cerebrales ante el mismo estímulo. Todos estos estudios muestran asociaciones, no causalidad, y sugieren que la personalidad es una característica de base neuronal y de genética múltiple y compleja. Factores ambientales, como la educación y el entorno, contribuyen de modo significativo a la forja del carácter. Esta conclusión es extensible a otros atributos humanos como la inteligencia y a numerosas enfermedades (hipertensión, alzheimer o cáncer).

Medir la personalidad con un simple test es difícil. A pesar de ello, los test abundan, todos sin aval científico sólido. Algunos son más propios de la pseudociencia, como el test de las manchas de Rorschach. Otros se emplean en el mundo de la empresa. El indicador Myers-Briggs complementa el currículo de capacidades y habilidades de una persona para asignarle el puesto de trabajo idóneo. Un sujeto extrovertido funcionará mejor en la red comercial y alguien introvertido rendirá más en contabilidad. Suena razonable, pero ni el ser humano ni el trabajo son tan simples. Además, es fácil engañar a un cuestionario.