LA REINA DEL FUTURO

La dopamina siempre quiere más y solo se sacia con experiencias nuevas.

· El deseo es el motor del progreso humano.

· La dopamina del control y la del deseo deben estar en equilibrio.

· Disfrutar de lo conseguido y proyectar el futuro marcan el camino de la felicidad.

Carmen busca el placer de modo impulsivo, le cuesta mantener relaciones duraderas y estuvo enganchada a la cocaína. Juan planifica sus decisiones y prefiere trabajar hasta tarde a salir con amigos. Miren es una pintora tan imbuida en su mundo interior y en su actividad creativa que ignora la realidad. ¿Qué tienen en común estas tres personas? La dopamina. Las tres priman el futuro sobre el presente. La buscadora de placer y experiencias novedosas siempre quiere más; el planificador indiferente también quiere más, pero a largo plazo y con gratificaciones más abstractas y la artista creativa explora mundos desconocidos para mejorarlos, sacrificando su relación con los demás. ¿Como es posible que la misma sustancia química ejerza efectos tan diferentes que se traducen en caracteres tan dispares? La explicación es compleja. Las tres personalidades comparten el inconformismo, la expectativa, el deseo continuo y la búsqueda de experiencias. Es gente que solo disfruta cuando está planificando el futuro y no goza el presente. La inagotable dopamina siempre quiere más y produce una insatisfacción permanente que debe saciarse con cosas (dinero, bienes) o sensaciones nuevas. Una vez cumplido el deseo, la dopamina se desploma, desaparece del cerebro y queda una desazón que solo se alivia con un nuevo deseo. Esta es la base de la adicción, de los proyectos perpetuos, del progreso y la innovación y de la genialidad limítrofe con la psicosis y la ruptura con la realidad. Las consecuencias de su acción en el cerebro dependen de factores individuales que rigen la fisiología de los sistemas dopaminérgicos y de los receptores sobre los que actúa la molécula. Así, distintas variantes del mismo gen que codifica un receptor de la dopamina, condicionan que una persona no experimente placer ni sienta motivación alguna o ame las experiencias extremas. La dopamina se produce en neuronas específicas agrupadas en tres vías: mesocortical, mesolímbica y nigroestriatal. Las tres se originan en núcleos situados en la profundidad del cerebro y proyectan sus axones a diferentes regiones cerebrales. Gracias a estas conexiones, la dopamina participa en funciones variopintas. La cortical es vital en el aprendizaje, el pensamiento abstracto, la toma de decisiones y la planificación del futuro con objetivos a largo plazo que se persiguen tenazmente. Es la dopamina del control. La mesolímbica media el deseo y la motivación, que se traducen en premio y placer inmediatos. Decía Spinoza que “la esencia del hombre es el deseo”, pero un deseo limitado y razonable que requiere del equilibrio entre ambos sistemas. Según el contexto domina uno u otro, pero, generalmente, el cortical planificador puede domar los impulsos del sistema del deseo. Por último, la dopamina participa en la ejecución del movimiento, la alteración cardinal del párkinson.

Además del equilibrio entre la dopamina del control y la del deseo, para que el cerebro funcione con armonía debe existir otro balance entre la dopamina y las moléculas que intervienen en el disfrute del presente, como la serotonina y las endorfinas. El cóctel de la felicidad es sinónimo de una vida de satisfacción por lo conseguido y de proyectos pendientes, un “carpe diem” epicúreo con razonados planes de futuro. Lo uno sin lo otro perjudica el desarrollo humano. De nada vale lograr el éxito, crear sin fin o acumular bienes para no disfrutarlo. Y de nada vale una vida plácida sin alicientes de futuro. En cualquier caso, esta es una visión tan glamurosa e idílica como simple del funcionamiento cerebral. La concentración de un neurotransmisor en una región concreta influye en la

acción de otro neurotransmisor en otra parte del cerebro. Además, el contexto condiciona el resultado final de toda conducta y le confiere un carácter social o antisocial. La misma dopamina liberada en las mismas sinapsis puede ser un ángel o un demonio. Por este motivo, Lieberman y Long afirman en su éxito “Dopamina” que el glamour es una farsa. Deseo que su Navidad sea feliz y sincera y equilibrada. Eguberri on!