Grasa, cerebro y sociedad

La obesidad modifica la estructura y la función de diversas áreas cerebrales.

· Las personas obesas son discriminadas por una sociedad que rinde culto al cuerpo.

· Dieta, ejercicio, fármacos y cirugía son las armas para derrotar a la obesidad.

Los ácidos grasos son vitales para el desarrollo cerebral. El cerebro es un órgano graso. La mielina, que envuelve a las proyecciones nerviosas o axones, es pura grasa. Participa activamente en la transmisión del impulso nervioso, lo que explica que enfermedades hereditarias que afectan al metabolismo graso o lipídico cursen con importantes déficits neurológicos. ¿Cómo influye en la función neurológica la grasa que acumulamos en el organismo? El tejido adiposo segrega factores bioactivos con acción beneficiosa o dañina sobre el sistema nervioso: La adiponectina y la leptina ejercen efectos antiinflamatorios y favorecen la neurogénesis y la chemerina, la apelina y la visfatina reducen la muerte neuronal. En la obesidad se alteran estos procesos y se promueven fenómenos de inflamación y degeneración cerebral. Las resonancias magnéticas funcionales de personas obesas constatan una disminución del grosor cortical, menor conectividad entre regiones cerebrales y presencia de lesiones vasculares. Otros cambios se relacionan con el hipotálamo (estructura crítica en el control del apetito), la percepción de sabores y con el sistema de recompensa (los alimentos grasos e hipercalóricos producen placer). Discernir si estos hallazgos son causa o consecuencia de la obesidad es complejo. Se han hallado áreas cerebrales que condicionan el grado de apetencia por la grasa y su estructura o función puede variar de una persona a otra. La obesidad parece impactar de modo distinto en el cerebro de hombres y mujeres. En varones se activan áreas implicadas en la imagen corporal, mientras que en mujeres lo hacen regiones relacionadas con la recompensa. Esto podría servir para personalizar el enfoque terapéutico.

 

Según la OMS, un 60% de adultos y un 30% de niños europeos sufre sobrepeso. Los más vulnerables lo sufren más porque la carestía de los alimentos básicos por la inflación, empuja a consumir ultraprocesados hipercalóricos más baratos y pobres en nutrientes básicos. La obesidad se asocia a patología pulmonar, cardiovascular, metabólica y neurológica, como dificultades sutiles en la memoria, la toma de decisiones, la movilidad y el equilibrio. El sobrepeso se ha relacionado con el deterioro cognitivo leve, preámbulo del alzheimer. Se han descrito mayores depósitos de amiloide, la proteína implicada en la muerte neuronal por alzheimer, y un reciente estudio efectuado en más de 1.300 individuos, un tercio con obesidad, ha encontrado un patrón de atrofia cerebral similar al observado en el alzheimer en la resonancia cerebral del grupo de sujetos obesos. No es una relación causa-efecto, pero la correlación es clara. También es señalado como síntoma preclínico del parkinson y factor de riesgo de ictus y de sufrir formas más agresivas de COVID. La obesidad empeora la calidad de vida y supone un 9% del gasto total en salud. La imagen de “persona obesa feliz” se desvanece en una sociedad que rinde culto al cuerpo y el estilo de vida saludable. Además, con frecuencia estas personas sufren una indecente discriminación que afecta a su salud mental por ser tachados de faltos de voluntad y autoestima. La tolerancia facilita el acercamiento y el diálogo, en especial con adolescentes (un 18% de médicos se siente incómodo).

 

El peso tiene un componente hereditario. Alguna variante genética influye directamente en el almacenamiento de grasa en las células. Otras afectan a la cantidad de una bacteria llamada Christensella que regula cuánta energía de los alimentos llega a las células o al (sobrevalorado) microbioma. La obesidad se combate actuando sobre la dieta y el

ejercicio físico, mejor desde la infancia con programas educativos. La dieta condiciona el aporte de calorías y la composición del microbioma. El ejercicio estimula la formación de grasa parda, la “grasa buena”, que consume glucosa y triglicéridos para producir calor y regular la temperatura corporal. No existen dietas ni terapias milagrosas. Su médico le informará sobre los pros y contras de fármacos y cirugías que complementan la dieta y el ejercicio.