EDUCACION: ENTRE BITS Y GENES

¿Sustituirá la inteligencia artificial al profesorado?

· ¿Es viable y ética la educación de precisión basada en la genética?

· La escuela es proveedora esencial de espíritu abierto, libre y crítico.

La llegada de internet al aula alteró el modo de enseñar y de aprender. Ahora la Inteligencia Artificial (IA) revoluciona y tensa el mundo educativo con herramientas como ChatGPT. Pronto la mayoría de contenidos de internet, muchos de ellos informativos y formativos (y, por desgracia, alguno “deformativo”), los generarán máquinas. El modelo de enseñanza debe adaptarse a esta realidad, pero no plegarse a ella. La UNESCO advierte del riesgo de una excesiva presencia y dependencia de la IA. Los niños deben adquirir conocimientos básicos en historia, geografía o literatura y competencias en lectoescritura, matemáticas y en el ámbito digital. Enseñar es transmitir conocimiento y habilidades a través de los mecanismos cerebrales del aprendizaje, como la imitación o la emulación. La parte más simple de este proceso podría llevarlo a cabo una máquina, pero los aspectos complejos (creatividad, motivación, memoria, argumentación razonada) necesitan un contexto. Y esto solo puede hacerlo un ser humano aplicando su experiencia y empatía. No es cuestión de enfrentar lo digital y lo analógico, sino de conciliarlos en dos objetivos: lograr la competencia digital para que el joven se desenvuelva con soltura en la sociedad actual y futura y promover los valores humanistas, el pitagórico “educad a los niños y no tendréis que castigar a los mayores”. Solo cabe esperar que la tecnología, por sí misma neutra, se use con estos fines.

 

¿Puede suponer la genética un cambio igual de disruptivo e intenso? Hace una década algunos genetistas se mostraban optimistas sobre la posibilidad de lograr una educación basada en la constitución genética de cada individuo para mejorar el aprendizaje de todos los alumnos, en especial los que sufren desventajas socioeconómicas. Hoy, países como EEUU y Reino Unido proyectan realizar un testado masivo de genes en recién nacidos. El objetivo es ampliar el número de enfermedades genéticas detectadas al nacer con la prueba del talón y tratarlas para evitar sus consecuencias devastadoras. El proyecto plantea dudas éticas, financieras y médicas. Por ejemplo, en el campo de la educación, sería estupendo identificar niños con riesgo probable de sufrir dislexia e implantar actuaciones tempranas en la lectoescritura, pero la información podría utilizarse para discriminar a los estudiantes, en especial a los más vulnerables, asignándoles capacidades cognitivas que condicionen su escolaridad y su éxito académico, así como para no adoptar medidas personales y sociales. Dejando de lado la estéril batalla ideológica entre el peso de la biología o el de las reformas educativas en la mejora del futuro académico del alumno, lo cierto es que este enfoque, denominado educación personalizada y de precisión, es utópico porque la influencia de la genética en el comportamiento y en otros rasgos cognitivos humanos es limitada y depende de la compleja interacción de redes de miles de genes. Es muy atractivo, elegante y futurista, pero no deja de ser una idea cuya materialización es tan remota que no supone ningún avance en la política educativa actual. Además, su ética es reprobable (puede ser una forma encubierta de eugenesia). Por eso, hasta que llegue ese día (si es que llega), los expertos aconsejan reforzar y mejorar el entorno socioeconómico de los escolares para garantizar la igualdad de oportunidades y reducir la desigualdad.

En resumen, la implantación de los avances tecnológicos puede ser una oportunidad para mejorar la enseñanza en una sociedad cada vez más carente de niños. La IA, la computación cuántica y otras ganarán protagonismo. Dos peligros inherentes a esta tendencia son la desinformación y la deshumanización (algo que ya sucede en medicina).

Nuestro cerebro complejo no puede sucumbir al mundo digital y terminar pensando de un modo tan simplón como una máquina. Estos riesgos, que se suman al constante intento de (des)personalización ideológica del modelo educativo, se contrarrestan con pensamiento crítico. Y la escuela es proveedora esencial de espíritu abierto, libre y crítico.