DOPAMINA: EMPRENDEDORA Y LIBERAL

La dopamina puede influir en el espíritu emprendedor y la ideología política.

· Los países con fuerte inmigración ostentan “logros dopaminérgicos” como la creación de nuevas empresas.

· La sabia serenidad tan preciada en un político es independiente de la dopamina.

La dopamina participa en todo lo que sucede en el cerebro. Entre otras cosas, es la gasolina del espíritu aventurero que busca experiencias constantemente. En el libro “Dopamina”, Long y Lieberman sugieren que este toque dopaminérgico de la personalidad repercute en la demografía y la cultura emprendedora de las naciones. Según datos genéticos de las rutas migratorias seguidas por Homo Sapiens a su salida de Africa, los portadores de un gen que aumenta la actividad dopaminérgica cerebral llegaron a lugares más lejanos. Parece que la dopamina invita a emigrar, si bien la hipótesis no se ha corroborado en movimientos migratorios más recientes. También se ha visto que un país con alta tasa de inmigración tiene una mayor prevalencia de genes que aumentan la función de la dopamina (4.2% de la población en Estados Unidos (EEUU) frente al 0.7% en Japón donde la inmigración es muy baja). Tocqueville, politólogo francés del siglo XIX, afirmó que los estadounidenses, la mayoría inmigrantes europeos, eran de “espíritu inquieto y buscaban una vida mejor con ardor febril”. Con el 13% de la población inmigrante, EEUU es titular del 42% de los premios Nobel. Además, los inmigrantes han fundado el 52% de las empresas de Silicon Valley (ayer admiradas, hoy denostadas) y el 25% de los negocios nuevos del país, el doble que otros estadounidenses. Un equipo de la Universidad de Warwick en Reino Unido, otro país de acogida, encuestó sobre emprendimiento y extrajo muestras de ADN a 1335 adultos. Querían averiguar si había relación entre el espíritu emprendedor y la presencia de una variante de un gen que potencia la actividad de la dopamina cerebral. Vieron que personas con dicha variante tenían el doble de posibilidades de haber puesto en marcha un negocio. Israel, Suiza y Australia, son otros buenos ejemplos. No obstante, hay factores políticos que animan a emprender, como la existencia de libertad de mercado, seguridad jurídica o ecosistemas específicos. Una cuestión inquietante es si la emigración esquilma los genes dopaminérgicos del país de origen y, por lo tanto, su capacidad emprendedora.

La dopamina también puede influir en la preferencia política y en el sentido del voto. Estudios realizados en EEUU (¡cómo no!) sugieren que una persona progresista es más abierta a la novedad, creativa, inconformista, impulsiva y centrada en el futuro de modo abstracto. Son rasgos típicos de la personalidad dopaminérgica. Por el contrario, alguien conservador está más feliz con lo que tiene, es fiable, estable y convencional. Predomina la acción de la serotonina y las endorfinas en su cerebro. Sin embargo, el ánimo que mueve a alguien a gobernar es el control, un rasgo muy dopaminérgico. Por lo tanto, estas conclusiones dicotómicas son demasiado vagas y simples. Salvo casos muy ideologizados, todos tenemos ramalazos progresistas y conservadores. No hay centros cerebrales de ninguna ideología ni políticas con objetivos puros. Si la política es el arte de hacer posible las cosas buscando el bien común, debe plantear fines de alma diferente, como promover la máxima generación de empleo y riqueza y redistribuirla del modo más justo. Por eso, en un buen político destacan seis virtudes básicas: vocación de servicio, capacidad de diálogo, visión a largo plazo, sentido de la anticipación, coherencia y talante compasivo. Este cóctel virtuoso se adereza con cualidades cuya relevancia depende de la edad del ciudadano. El joven valora el liderazgo, el carisma o la audacia (cuidado con populismo radical). El mayor prefiere moderación, prudencia, paciencia o amabilidad (cuidado con inmovilismo). No obstante, hay elementos sociológicos que también

condicionan el voto, como edad, formación, situación laboral o domicilio, y sesgos cognitivos que dinamitan su racionalidad. Los más dañinos son el sesgo de confirmación por el que solo creemos lo que ratifica nuestras ideas, el efecto halo que lleva a confundir apariencia con esencia y el efecto arrastre por el entorno. Reflexione para espantar los sesgos y vote. Es nuestro momento.