DIEZ AÑOS DE LOS MEGAPROYECTOS SOBRE EL CEREBRO HUMANO

Ha habido progresos, pero no se han cumplido las expectativas.

· La ambición del objetivo y el menosprecio al elemento bio del cerebro son las principales razones del chasco.

· La vida es mucho más compleja que la lógica y la ingeniería.

Este año vence el plazo de las promesas anunciadas hace una década por los dos megaproyectos sobre el cerebro. Se pronosticaron resultados y progresos sin parangón. El europeo Proyecto Cerebro Humano (PCH), financiado con mil millones de euros, quería simular el cerebro en un superordenador. La iniciativa BRAIN americana, dotada con 3.000 millones de dólares, pretendía conocer el mapa de conexiones neuronales del cerebro humano. Ambas nacieron para sentar las bases científicas de la Neurociencia del futuro, mejorar la calidad de vida de millones de personas y generar conocimiento para ser explotado por empresas tecnológicas y crear miles de puestos de trabajo. ¿Ha sido así? En el PCH participan unas 5.000 personas de 80 instituciones de 22 países. El objetivo es desentrañar la estructura de la corteza cerebral, sede de las funciones intelectuales, y organizada en miles de columnas que podrían ser replicadas de modo artificial en un ordenador. Han publicado la composición y la función de una de ellas, un cilindro de 2×0.5 mm obtenido de la corteza motora de una rata que han repoblado con 31.000 neuronas artificiales de 207 tipos distintos y conectadas con 37 millones de hipotéticas sinapsis. El sistema funciona como un conjunto de neuronas biológicas y los autores proponen que es un modelo de la corteza motora, aunque admiten que omite “detalles”, como glia, receptores, neuromoduladores, arterias y plasticidad. Estas relevantes ausencias y el minúsculo pedazo de cerebro en el que se basa el modelaje fueron la principal razón de la crítica feroz por parte de muchos investigadores, que consideran el PCH un desperdicio de recursos y denuncian su exagerada repercusión mediática. Repasando su historia, podían predecirse turbulencias. Nació con una fuerte polémica porque su gestión era muy personalista. A pesar de las críticas, su director aseguró que en 2020 ya habría una simulación del cerebro humano completo a escala celular, siempre y cuando existieran ordenadores con suficiente poder de computación. El único obstáculo previsto era tecnológico. Un centenar de neurocientíficos mostraron su estupefacción en un artículo titulado gráficamente “¿Dónde está el cerebro en el PCH?”. De hecho, probablemente la razón más importante del incumplimiento de objetivos es su excesivo componente computacional que arrincona los aspectos biológicos. Menospreciar el elemento bio del cerebro es un error monumental, un atajo que conduce a un precipicio. Por fortuna, el PCH corrigió el rumbo e incluyó iniciativas brillantes que parten del estudio minucioso de cerebros humanos y aportan a la comunidad científica datos anatómicos e imágenes impresionantes. ¡Por fin aparece el cerebro! No obstante, el objetivo sigue lejos. Una simulación verosímil del encéfalo debe ser compatible con la realidad de un órgano complejo, activo y dinámico, integrado en un cuerpo que vive en sociedad y que responde a la información sensorial entrante y predice, explora y selecciona posibilidades futuras. No es un mero receptor, procesador y transmisor de señales.

La iniciativa BRAIN tampoco ha respondido a las expectativas. En este caso la crítica ha recaído en la ambición del proyecto: el mundo científico coincide en que es imposible dibujar todo el mapa de conexiones del cerebro humano. No hay tecnología capaz de abordar este titánico reto. R Yuste, uno de sus directores, declaraba “Tengo que ser sincero. Nuestras esperanzas eran mayores”. No obstante, se ha progresado en desarrollar técnicas de trazado y manipulación de redes neuronales, como la optogenética. Quedan

décadas de investigación para entender el funcionamiento del cerebro, algo todavía fragmentado e incompleto. Hasta que se logre, que se logrará, aprovechemos los avances, sigamos financiando los proyectos, rectifiquemos errores y seamos más comedidos en el mensaje que se lanza y los medios amplifican, como “seremos inmortales”, “nos leerán el pensamiento” o “llega la cura del alzheimer”. Sean cautos y críticos. La vida es más compleja que la lógica y la ingeniería.